COLOMBIA: LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO VUELVE AL CENTRO DE LA BATALLA EDUCATIVA
El debate sobre la ideología de género en Colombia no terminó con las primeras medidas anunciadas por el nuevo gobierno de Abelardo de la Espriella. Durante la última semana adquirió una nueva dimensión con el relevo en el Ministerio de Educación: Viviane Morales deja la cartera e Ilva Myriam Hoyos asume el ministerio con antecedentes públicos y documentados de crítica a la ideología de género. La controversia tampoco se limita ya a determinar si existe o no una “ideología de género”, sino que alcanza una cuestión mucho más concreta: qué concepción del sexo, el género, la identidad, la familia y la sexualidad debe transmitir la escuela y quién tiene autoridad para establecer esos contenidos.
ILVA MYRIAM HOYOS: UNA POSICIÓN QUE VIENE DESDE 2016
El nombramiento de Hoyos resulta especialmente significativo porque su posición no apareció con el cambio de gobierno. Tras conocerse su designación, medios colombianos recuperaron un documento de 38 páginas elaborado por ella en el contexto de las discusiones sobre el enfoque de género incorporado al Acuerdo de Paz de 2016. Hoyos advertía entonces que el concepto había experimentado una ampliación: ya no se refería únicamente a la protección de los derechos de las mujeres, sino que incorporaba cuestiones relacionadas con diversidad, identidad y orientación sexuales.
Su objeción era fundamentalmente antropológica. Consideraba que bajo la categoría de género podía introducirse una concepción que terminara negando “la diferencia y la reciprocidad entre el hombre y la mujer”. El dato permite establecer una continuidad de diez años: Hoyos cuestionaba determinadas concepciones sobre género en 2016 y ahora, en 2026, llega precisamente al ministerio encargado de dirigir la política educativa nacional.
DE PETRO A DE LA ESPRIELLA
El cambio adquiere mayor importancia porque el gobierno anterior dejó aprobada la Política Nacional Intersectorial de Sexualidad, Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos 2026-2035, mediante la Resolución 1350 del 10 de julio de 2026. Como ya hemos documentado, esa política dispuso la incorporación progresiva y transversal de contenidos relacionados con derechos sexuales y reproductivos bajo enfoques de derechos humanos, género e interseccionalidad en proyectos educativos, planes de estudio y prácticas pedagógicas.
La cadena institucional era clara: Gobierno → Ministerio de Educación → secretarías territoriales → instituciones educativas → planes de estudio → formación docente → aulas. El cambio presidencial modificó la dirección política. Viviane Morales, primera ministra de Educación de De la Espriella, anunció en agosto la revisión de materiales y políticas educativas heredadas del gobierno de Gustavo Petro y denunció la existencia de una “campaña woke” en la educación. Ahora Morales sale y llega Hoyos, cuya oposición a la ideología de género puede rastrearse documentalmente hasta 2016. No estamos, por tanto, ante una declaración aislada, sino ante un cambio de orientación de la política educativa colombiana.
“EN DEFENSA DE LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO”
La reacción producida en los medios resulta igualmente reveladora. El Espectador publicó el 29 de agosto una columna del sociólogo Santiago Vargas Acebedo titulada expresamente “En defensa de la ideología de género”. El hecho resulta significativo porque durante años una de las respuestas más frecuentes frente a sus críticos ha sido afirmar que “la ideología de género no existe”. Durante estos mismos días continúan apareciendo artículos que sostienen esa tesis, mientras otro columnista utiliza directamente la expresión para defender aquello que entiende por ella.
El 4 de septiembre, el mismo El Espectador publicó una réplica titulada “Sobre ideologías y terremotos”, donde reaparece directamente la discusión entre sexo biológico y género entendido como construcción social. La respuesta incorpora además otro asunto que ha adquirido importancia internacional: las intervenciones médicas sobre menores con disforia de género y los casos de detransición. De esta manera, el debate colombiano comienza a conectar educación, identidad de género y medicina, tres ámbitos en los que la controversia se ha desarrollado intensamente durante los últimos años.
LA DISPUTA ES POR LA EDUCACIÓN
El punto central puede formularse con claridad. La discusión no consiste simplemente en estar a favor o en contra de la educación sexual. La verdadera disputa es qué se enseña, a qué edad, con qué concepción del ser humano y quién lo decide. En un extremo se encuentra una concepción que considera necesario incorporar género, identidad, orientación sexual, diversidad y derechos sexuales y reproductivos dentro de la formación escolar. En el otro aparecen quienes sostienen que determinadas formulaciones exceden la educación sexual y transmiten una antropología específica sobre la relación entre sexo biológico, identidad personal, sexualidad y familia.
Por eso reaparece inevitablemente la relación padres–escuela–Estado–niño. La cuestión consiste en determinar dónde termina la potestad educativa de los padres y dónde comienza la capacidad estatal para establecer contenidos obligatorios relacionados con sexualidad e identidad. El debate adquiere así una dimensión política mucho mayor que la simple discusión terminológica sobre la existencia de la ideología de género.
UNA BATALLA QUE COMENZÓ MUCHO ANTES
La cronología permite observar el proceso. En 2016, el enfoque de género se convirtió en uno de los asuntos controvertidos alrededor del Acuerdo de Paz y Hoyos publicó sus objeciones. En julio de 2026, el gobierno de Petro aprobó una política de sexualidad y derechos sexuales y reproductivos proyectada hasta 2035, con incorporación transversal del enfoque de género e interseccionalidad en educación. En agosto, producido el cambio de gobierno, Viviane Morales anunció la revisión de materiales educativos y denunció una “campaña woke”. Finalmente, en septiembre, Morales deja Educación e Ilva Myriam Hoyos asume el ministerio, haciendo que sus posiciones de 2016 vuelvan inmediatamente al debate público.
La secuencia permite comprobar que las ideas sobre género recorrieron el camino desde el debate académico y político hasta las normas, los ministerios, la formación docente y los planes educativos. Ahora comienza el movimiento inverso: un nuevo gobierno pretende revisar esa institucionalización. Lo que está ocurriendo en Colombia ofrece así una oportunidad excepcional para observar cómo funciona una batalla cultural cuando ya ha alcanzado las estructuras del Estado.
COLOMBIA SE CONVIERTE EN UN CASO DE ESTUDIO
Durante el gobierno anterior determinadas categorías sobre género, sexualidad y derechos reproductivos fueron incorporadas a políticas públicas. El nuevo gobierno cuestiona esas categorías y comienza a revisar su aplicación. Inmediatamente reaccionan medios de comunicación, organizaciones políticas, académicos, sindicatos y sectores de la sociedad civil. La discusión sobre la ideología de género ha dejado, por tanto, de ser exclusivamente teórica: teoría → política pública → norma → burocracia → educación → aula.
Ahora puede observarse el recorrido inverso: cambio electoral → nuevo gobierno → revisión de la política → resistencia política, institucional y cultural. Colombia permitirá comprobar hasta qué punto una política ideológica, una vez incorporada a las estructuras educativas y administrativas, puede ser modificada mediante una alternancia democrática de gobierno. La batalla que comenzó alrededor de las palabras sexo, género e identidad ha terminado convirtiéndose en una disputa mucho mayor: quién define la antropología que el Estado transmite a la siguiente generación.
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